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Negar la diferencia

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Luego de más de veinte años de migración creciente, aún existen práctica de rechazo que provocan la creación de espacios segregados, barrios de migrantes y escenarios de estigmatización que profundizan la desigualdad congénita de Chile.

Rosalba González

 
 
La migración es el input mayor de la creación de los sistemas que conforman las ciudades

Rosalba González

 

“Lo igual carece del contrincante dialéctico que lo limitaría y le daría forma: crece convirtiéndose en una masa amorfa”
Byun Chul-Han en La expulsión de lo distinto
“Las ciudades están, por definición, llenas de extraños”
Jane Jacobs

L a ciudad, por definición, es atracción de capitales. Es a partir de esa concentración de flujos económicos, de productos, población, de cultura y de poder que estos sistemas se forman. Es decir, las ciudades llevan intrínsecamente lo heterogéneo y el encuentro con lo diferente, esto incluye por supuesto, a la migración.

La migración es el input mayor de la creación de los sistemas que conforman las ciudades, es por eso que la afirmación de Saskia Sassen sobre las ciudades globales es tan esclarecedora. Las naciones se rinden a las grandes urbes y en la migración, esta afirmación también resulta efectiva. Por lo tanto, un país como Chile, que concentra el 75% de la migración extranjera en la Región Metropolitana de Santiago, no puede describirse como un fenómeno nacional, sino como uno claramente urbano.

Chile en la década de los noventa, luego de la caída de la dictadura y su rimbombante entrada al neoliberalismo, se convertía en una de las naciones más atractivas para hacer negocios, para viajar y habitar. Así, en poco tiempo, el país isla que describía Roberto Bolaño, transitaba a un paisaje distinto al de unos pocos años atrás. Los tiempos cambiaban, y aunque aún presente en la memoria la censura, el toque de queda y los detenidos desaparecidos; la mentalidad de éxito de los chilenos se hacía patente, escalaba en su discurso al mismo tiempo que Chile se posicionaba en los rankings internacionales por su crecimiento económico.

Es justo en ese periodo de construcción de una “identidad difusa”, como la llamaría Óscar Contardo, que aparece casi intempestivamente la migración. Se hacía presente justo en el escenario que, desde la identidad chilena, se patentaba el discurso del nuevo Chile que pretendía distanciarse de sus vecinos, por lo que el arribo de la primera ola de migración en la década de los noventa fue un golpe a esa inestable identidad.

Y es que en el escenario de Chile entrando a la danza de la globalización, la nación debía asemejarse al primer mundo, aparecerían entonces las cadenas de hoteles, de comida rápida y de café que existían en todas las ciudades importantes del mundo. Pero la migración no sería vista como parte de ese fenómeno y sería tomada, entonces, como una carga; una carga a la que el chileno promedio no quiere parecerse, por lo que la necesita con cierta distancia.

 

“Los inmigrantes y los refugiados no nos resultan distintos, no nos resultan ajenos, no son unos extraños a causa de los cuales se sienta una amenaza real, un verdadero miedo. Ese miedo solo existe en la imaginación. Los inmigrantes y los refugiados se perciben más bien como una carga. Lo que se siente hacia ellos cuando se los considera como posibles vecinos es resentimiento y envidia, unos sentimientos que, a diferencia del temor, el miedo y el asco no son una auténtica reacción inmunológica.”

-Byung Chul-Han (2017), La expulsión de lo distinto.

Desde la campaña a la presidencia de Donald Trump que el tema de la migración ha estado especialmente latente en los medios de comunicación y en la opinión pública. Su campaña, Make America great again, cimbró mentes, incluso más allá de las fronteras del país norteamericano. Y es que Trump de muchas formas representa un discurso maniqueo sobre la migración, un discurso que “resuelve” en un chasquido muchas de las preguntas de por qué suceden ciertos fenómenos: caída de la oferta de empleos, saturación de los sistemas de salud y educación, violencia y el aumento de la delincuencia.

El discurso trumpiano tuvo eco, ya se decía, fuera del muro que lo divide con México y reforzó el pensamiento de quienes creen estar viviendo algo más o menos similar a lo que describía Trump en su campaña. Las ideas, en algún momento, se transformaron en acciones y desataron ataques contra migrantes no sólo en EEUU sino también, aunque más aisladamente, en algunos países de América Latina.

En los últimos años, en el escenario de encuentro que hoy es Santiago, se han gestado conflictos que muestran las diferencias culturales. El país que se había encerrado en sí mismo durante casi dos décadas se enfrentaba a la posición de ser anfitrión forzado y, aunque los datos duros no reflejaban la afirmación de que “Chile es el EEUU de América Latina”, existe hoy en el imaginario colectivo de los chilenos la idea de que su país se está “llenando” de migrantes.

 

Algunos comentarios en redes sociales sobre migración en Chile. Selección aleatoria, 2017.

Nuestro país en el norte tiene frontera con Argentina, Bolivia y Perú y recordemos que Bolivia y Perú están entre los países de mayor producción de drogas en el mundo, en esto no puede haber ninguna ingenuidad, ni ninguna debilidad.
Chile debe estar abierto a recibir inmigrantes que aporten al desarrollo de nuestro país, pero debe cerrar absolutamente sus fronteras al narcotráfico, a la delincuencia, al contrabando, al crimen organizado y también a la inmigración ilegal.
Lo importante es que los chilenos tenemos que tener medianamente claro que es muy ingenuo y estúpido tener una política de migración que termina importando males como la delincuencia, el narcotráfico, el crimen organizado.
Yo no soy un xenófobo, pero sí creo que hay que tener cierto sentido común. Yo no tengo por qué aceptar a cualquier persona que quiera venir a Chile.
Sebastián Piñera, Presidente electo de Chile, durante la campaña 2017.

En el marco de la identidad chilena en re-forma y los discursos simplistas de líderes de derecha, los procesos de integración se han visto limitados; luego de más de veinte años de migración creciente aún existen signos de rechazo que provocan la creación de espacios segregados (barrios de migrantes) y escenarios de estigmatización que inducen la reproducción de la desigualdad ya de por sí existente en la sociedad chilena.

A pesar de que se han creado canales de integración desde el Estado y desde algunos sectores de la sociedad civil, el desafío de Chile frente a la migración aún sigue siendo grande y será aún mayor con el arribo de un gobierno conservador que no sólo dirigirá políticas migratorias duras sino, además, su llegada reforzará el discurso de quienes se manifiestan disconformes con la migración.

Finalmente es necesario reconocer que el desarrollo de las grandes ciudades cosmopolitas, como Nueva York, no han estado exentas de conflicto. Santiago no será la excepción; sin embargo, el diálogo de encuentro sólo será efectivo cuando exista el reconocimiento de la existencia del otro, resolver las diferencias y encontrar el espacio común, algo que diversos autores como Sennet, Jacobs, Choay o Chul Han han tratado en su literatura, reconociendo la fuerza e importancia del encuentro con lo diferente en el progreso de las sociedades.

 

1-Sassen, Saskia (2003), “Localizando ciudades en circuitos globales”, revista EURE, Vol. XXIX, Nº 88, pp. 5-27, Santiago de Chile, recuperado en línea: http://bit.ly/2BKixeH.
2- Nicolás Rojas Pedemonte y Claudia Silva Dittborn (2016), La migración en Chile: breve reporte y caracterización, Informe Observatorio Iberoamericano sobre Movilidad Humana, Migraciones y Desarrollo, Madrid, recuperado en línea: http://bit.ly/2BHOVhX.
3- Óscar Contardo, “Chilenos somos”, La Tercera, 27 de julio de 2017, recuperado en línea de: http://bit.ly/2j7WNOK.
4-Según datos de la División de Población de la ONU, el promedio de migrantes en países desarrollados es del 11,3%, mientras que para Chile esta población sólo representa un 2,3%, según datos de 2015.
5-Para más sobre el tema revisar: Margarit Segura, D., & Bijit Abde, K. (2014). Barrios y población inmigrantes: el caso de la comuna de Santiago. Revista INVI, 29(81), 19-77.

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