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Caminar es un objeto

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"Caminar es un objeto” de Gabriela Pérez, es parte de un movimiento global desde el mundo de la innovación, donde han emergido espacios de interacción nuevos y propuestas interesantes de ser leídas como textos.

Juan José Berger,
Fundación Decide

 

 

Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo
de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.
Jorge Luis Borges

“Caminar es un objeto” de Gabriela Pérez, es parte de un movimiento global desde el mundo de la innovación, donde han emergido espacios de interacción nuevos y propuestas interesantes de ser leídas como textos.

La obra se basa en la representación de un recorrido de cuatro horas alrededor de la Plaza de Armas de Santiago de Chile y un recorrido por el Cerro Santa Lucia, a través de un GPS Arduino y representaciones escultóricas en módulos de cartón de 3 centímetros cuadrados. Esto cambia tanto la forma de crear una determinada representación como también de intervenir el espacio, desde el caminar, hasta cuando llega su representación en museos. Esto supone un volver al museo, pero asociado a un camino. La idea de red, empieza a emerger, y la escultura no se queda anclada solo en el lugar de su montaje. Finalmente surge la pregunta ¿Cuándo empieza y cuando termina una obra? ¿Cuál es el frame de una instalación?

Vemos que las temáticas de las representaciones dentro del siglo XXI se cambian drásticamente y se replantean la memoria y, por tanto, su identidad. “En las autobiografías revisionistas, nos dice Kuhn, no sólo el concepto de identidad sino también el de memoria son puestos en crisis.” (Ramirez, 2010)

Lo que se pone en crisis, tiene que ver con la construcción de un espacio de memoria pero abstraído digitalmente para su representación posterior (Ramírez, 2010). En palabras de la artista, “el caminante se desenvuelve a través de sus pasos yendo de un origen a un destino o, a veces, simplemente recorriendo sin inicio ni fin. La naturaleza del GPS (dispositivo de geolocalización) es indicar el camino a seguir, éste nos guía a través de la ciudad para llegar al punto final. El olvidar un destino y caminar insistentemente, como una eterna fuga por un mismo lugar, es una forma disruptiva de ocupar el GPS, porque recuerda cada uno de los pasos avanzados y permite visualizar la totalidad del recorrido”.

Sobre el proceso “por medio de un dispositivo de localización GPS programado con Arduino, se obtienen los datos de latitud, longitud y altitud de un recorrido específico por el espacio. Estos datos son guardados en una tarjeta microsd para ubicarlos en un mapa desde el computador con las coordenadas geográficas específicas. Luego de la obtención de los mapas, se plantea la interpretación de los datos del recorrido a través de un software de modelación en 3D, sean estos latitud, longitud y altitud para la elaboración de una escultura”.

A propósito del Otro, y de la interpretación que el otro da al arte de la representación, resulta interesante observar la siguiente cita de Aguilar. “En la evocación del pueblo como reservorio cultural hay cierta complicidad imaginaria o real pero siempre consolatoria” (Aguilar, 2010) Quien nos vuelve a una de las preguntas centrales del arte en el siglo XX en el mundo y en América latina respectivamente. La primera sería ¿Quién es el otro? En una obra de este estilo. Y, como derivación de esta primera pregunta (más universal, si se quiere) emerge la pregunta por lo popular. ¿Qué pueblo se evoca en Caminar es un objeto?

La primera posible respuesta es que los dispositivos que han convertido en otro plausible, que son artefactos, parafraseando a Heidegger, que contienen una moral y que observan e intervienen el mundo. Desde este punto de vista, nosotros, seres humanos, podríamos prefigurarnos como otro teniendo como punto de partida a los objetos. Por lo que la noción, también, de lo popular se vería impactada por una ampliación de los alcances de los conceptos. Llegando no solo a las técnicas y al desarrollo de tecnologías sociales, sino también a los dispositivos y por tanto al desarrollo técnico.

También, es posible leer el punto desde el supuesto de que el arte no tiene relación con lo popular en el siglo XXI, sino más bien con hiperindividualidades. Lo que anquilosa cualquier posibilidad de lectura popular a partir de lo que se espera un arte “representativo” de una cultura. En esta línea, paradójicamente, lo único que podría representar sujetos tan distintos es un arte carente de aura y una obra en la que todos se vean descritos, pero no cooptados. Esta es la presunción de que el subjetivismo es, de por sí, una propuesta identitaria válida y una hipótesis vital adecuada a los contextos y marcos interpretativos del siglo XXI.

Lo que sin duda es el carácter relevante tiene que ver con la “tallerificacion” del arte y de la ciudad. Es decir, con la capacidad que tienen los usuarios, sujetos, individuos u actores de utilizar el espacio urbano, en relación con tecnología sociales y técnicas, para intervenir la ciudad de una manera creativa y proponer una discusión abierta sobre qué es lo propio de la ciudad en un contexto en donde la relación con una o más interfaces está mediando, representando e interviniendo simultáneamente y caóticamente. Por lo pronto, se puede observar que son intervenciones individuales o digamos heterotópicas, lo que no orienta al observador de la ciudad, sino que más bien entrega una divergencia de mensajes que deben ser ordenados y sintetizados por investigadores. Entonces, la pregunta que emerge es ¿Cuáles son los soportes de la memoria y la síntesis de los investigadores de lo urbano y lo social?

Bibliografía:

1. http://www.gabrielaperez.cl/
2. Aguilar, G. Otros mundos: un ensayo sobre el nuevo cine argentino – 2a ed. – Buenos Aires: Santiago Arcos editor, 2010
3. Ramirez, E. DOSSIER: CINE Y POLÍTICA EN CHILE Estrategias para (no) olvidar: notas sobre dos documentales chilenos de la post-dictadura. Aisthesis n. 47 Chile Santiago jul. 2010

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