parallax background

William Rees: El comercio mundial ha dado lugar a una transferencia masiva de riqueza de los países pobres a los ricos

Hay una visión de las transnacionales noruegas, canadienses y japonesas: apropiarse de toda la Patagonia aur-austral
Noviembre 18, 2018
 
Entrevistamos al ecologista y co-creador del concepto de Huella Ecológica (HE), William Rees sobre Ecología, Colonialismo y Libre Comercio. Con una mirada de largo plazo sobre los desafíos del presente, Rees reflexiona más allá de los lugares comunes al que nos acostumbran los grandes medios.

Simon Liem y Pascal Volker Anguita

 
 
Los países ya ricos, se benefician de una entrada neta de capital y una entrada neta de nuevos productos comerciales. Logran a través del régimen comercial y el régimen de desarrollo global, lo que antes solía requerir la ocupación territorial.

William Rees

L a Huella Ecológica

¿Qué es la huella ecológica (HE)?

La huella ecológica (HE) se diseñó originalmente para rebatir a los economistas que sugieren que la economía se está desacoplando de la naturaleza y que los humanos son cada vez menos dependientes del mundo natural. Lo que hacen estos economistas es contabilizar los flujos de energía material, principalmente en base a análisis monetario, lo que simplemente es una forma de contabilidad inadecuada. Entonces, lo que hace la huella ecológica es medir la demanda que los seres humanos están haciendo en solo un aspecto del mundo natural: el espacio (área) de los ecosistemas productivos requeridos para producir todos los recursos biológicos que necesitamos. Esto es el espacio necesario para producir comida y fibra, pero también para asimilar los residuos que generamos. Entonces, si podemos demostrar que esta medida en particular (la huella ecológica) está aumentando constantemente, entonces el argumento de ciertos economistas de que estamos desmaterializando o desacoplando nuestra economía puede ser rebatido. En resumen, la HE es una medida del área de ecosistemas productivos (tanto terrestres como acuáticos) requeridos por determinada población para satisfacer sus necesidades de consumo y gestión de desechos.

¿Y cómo explica la HE que el mundo esté actualmente en sobrecarga?

Una de las principales ventajas de la HE es que permite la comparación de la demanda humana con respecto a la oferta del mundo natural. Por ejemplo, a escala global, se puede demostrar que existen alrededor de 13 mil millones de hectáreas de tierra y agua ecológicas productivas. Si lo divides en partes iguales entre los 7,6 mil millones de personas vivas, entonces obtienes alrededor de 1,6 o 1,7 hectáreas per cápita (HAG, es decir Hectárea Global Promedio). Entonces, cada uno de nosotros tiene lo que yo llamo la justa parte de la tierra o el bioproducto de una hectárea y media, aproximadamente. En este momento, el promedio de la HE en la tierra, es decir, la cantidad de tierra y agua requerida para sostener a una persona es de aproximadamente 2,6 a 2,7 HAG. Por lo tanto, al comparar lo que está disponible con la forma en que lo estamos utilizando, hay una diferencia, y esa diferencia es la sobrecarga.

Ahora, si solo tenemos 1,6 hectáreas cada uno y estamos usando 2,7 ¿cómo puede ser eso posible? Es posible porque estamos agotando los recursos que estamos usando por sobre su capacidad de regeneración. Podemos hacerlo porque estamos agotando la población de peces, degradando los suelos y agotando los bosques más rápido que lo que demoran en regenerarse. Por lo tanto, existe un estado de sobrecarga cuando las demandas de la economía humana superan la capacidad regenerativa de los sistemas naturales de los que dependemos. Podremos sobre-utilizar estos recursos por un tiempo antes que la gente se dé cuenta de que estamos en un verdadero problema. Pero lo relevante para el análisis de la HE es que nuestras demandas están aumentando y la “oferta de bienes y servicios de la naturaleza”, si quiere decirlo así, están disminuyendo. Estamos en un estado de sobrecarga.

Es un lugar común -tanto de gobiernos como de los medios- decir que los países llamados del tercer mundo deben “crecer” para salir de la pobreza y desarrollarse. Usted ha dicho que esto es imposible, ¿por qué?

Primero, es cierto que miles de millones de personas en la Tierra carecen de un bienestar material adecuado, por lo que al menos por ese motivo podríamos justificar un crecimiento material adicional. Estamos hablando de 300 millones de personas crónicamente mal alimentadas, además de entre 2 y 3 miles de millones que no obtienen suficientes nutrientes de un tipo u otro. Es decir, para alrededor de 3.000 millones de personas su alimentación no es suficiente o es de mala calidad. Y eso es un escándalo, ya que en el otro extremo del espectro hay un número igual de personas que están sobrealimentadas, porque por cada persona que está en la pobreza y mal alimentada, hay otra en un país rico que tiene sobrepeso. Nuevamente tenemos esta enorme brecha entre ricos y pobres.

Ahora, el otro problema es que si volvemos a la pregunta de la sobrecarga y tienes 3 mil millones de personas viviendo en la pobreza -digamos menos de 3 o 3,5 dólares al día- y quieres entregarle condiciones materiales similares a Europa occidental, la capacidad de carga del planeta simplemente no es suficiente. Eso significa destruir la base productiva de la naturaleza. De hecho, lo estamos haciendo ahora con la desigual distribución de la HE. Por lo tanto, la verdadera pregunta es: ¿podemos sostener a la población mundial actual con un estándar material adecuado sin destruir la base biofísica de nuestra propia existencia? Y consiguientemente, ¿cómo un norteamericano que está acostumbrado a vivir con el equivalente a 6 o 7 HAG o un europeo acostumbrado a vivir con 4 a 6 HAG, responderían a una política de desarrollo global que les obligue a descender hasta el equivalente de 1,5 HAG para crear el espacio ecológico necesario para el crecimiento requerido en el tercer mundo? Ese es el dilema que enfrentamos. Y por supuesto que también enfrentamos el problema del aumento de población. Las Naciones Unidas ahora estiman que la población para finales de siglo llegaría hasta los 11.000 millones de personas y 9.500 millones a mediados de siglo. Ahora, tenga en cuenta que las proyecciones de población de las Naciones Unidas se basan solamente en datos demográficos, sin tener en cuenta la sobrecarga, la posibilidad de guerras de recursos por energía o alimentos. Entonces, si se dieran las peores predicciones de los economistas ecológicos y terminamos en pocos años en una situación de disminución de recursos energéticos, disminución de la producción de alimentos, aumento de la lucha entre las naciones por esos recursos, entonces no nos acercaremos a cumplir las proyecciones de población de la ONU y descubriremos que se vuelve cada vez más difícil mantener los estándares materiales que actualmente disfruta la población.

El progreso y la calidad de vida tienden a confundirse con indicadores económicos como los niveles de ingreso o el crecimiento del PIB ¿cómo deberíamos entender la calidad de vida si se implementa una política de decrecimiento? 

Creo que debemos tener en cuenta que la forma en que la gente piensa siempre está determinada por lo que yo llamaría constructos sociales. Así que, en particular, durante los últimos 50 a 60 años, hemos desarrollado una percepción de la realidad en la que el bienestar está estrechamente asociado con el consumo per cápita de bienes materiales. Por lo tanto, tenemos una fijación en la sociedad moderna que reivindica y promueve este punto de vista en el que el crecimiento de la economía y el crecimiento del consumo son el mejor indicador de progreso. Ahora, ciertamente hay una relación, pero limitada. Pues mientras la sociedad está anclada en esta noción de crecimiento económico perpetuo, empujado por la mejora constante de la tecnología, la realidad es que desde la década de 1950 hemos visto –particularmente en América del Norte y Europa- una duplicación y una triplicación del bienestar económico, en cuanto al PIB per cápita. Sin embargo, ha habido una disminución constante en el número de personas que afirman estar felices y que consideren que sus perspectivas de futuro estén mejorando. Así que tenemos una paradoja: una base material cada vez mayor al mismo tiempo que la sensación de bienestar de las personas está disminuyendo. En ese sentido, hay una desconexión entre el consumo y el crecimiento económico y la felicidad de la gente.

¿Cómo pueden los países superar estas nociones estrechas de la economía cuando a escala global vemos instituciones como el Banco Mundial o el FMI que operan presionando o sancionando a los países que intentan construir modelos alternativos? 

Primero, educación pública para implementar las políticas necesarias para llegar a un estado de sustentabilidad.  La democracia depende de una población bien informada y políticamente comprometida. Actualmente contamos con un sistema diseñado para que las personas no estén bien informadas y no se comprometan políticamente, de manera tal que las élites u oligarquías puedan obtener exactamente lo que desean. Eso está funcionando increíblemente bien para ellos. En ese sentido, los actores políticos deben educar a las personas sobre el estado de la realidad. Lamentablemente, hemos llegado al punto, con los medios de comunicación masivos, donde los actores políticos no conducen, sino que siguen. Así las cosas, los políticos prestan más atención a las encuestas que al análisis de la ciencia o incluso a sus propios asesores. “Pero si hago algo distinto de X, entonces no obtengo los votos y la gente me dice que haga X”. Pero por supuesto, si la gente dice X, ya que los medios están diseñados para influir en que la gente diga X, entonces los actores políticos reciben un mensaje completamente errado.

Ahora, cualquier país que intente construir un modelo alternativo será aislado de la comunidad internacional. Si tienes una comunidad internacional marchando al ritmo neoliberal y al ritmo anti ciencia –a través de la negación del cambio climático, de la evolución, etcétera- y alguien se aleja de eso, van a estar bajo una enorme presión. Sus economías sufrirán, la población sufrirá y habrá una gran reacción política. Casi ningún actor político que ha intentado hacer eso ha podido sobrevivir en esta era. Hay algunas excepciones, como Cuba. Cuba ha luchado durante décadas para contrarrestar la tendencia en ese sentido. Irónicamente, es uno de los únicos países virtualmente sustentable, con estándares educativos de los más altos, altos estándares en salud pública y así sucesivamente. Sin embargo, si hablas de Cuba en los Estados Unidos, quedas fuera de la discusión.

 

Tratados de Libre Comercio y Colonialismo

Usted ha señalado que la globalización es una nueva forma de colonialismo, principalmente a través del comercio. Hace ya algunas décadas que los distintos países del mundo se han lanzado a firmar una gran cantidad de Tratados de Libre Comercio (TLC). En su opinión ¿quién gana y quién pierde cuando se firman estos TLC? 

Lo primero que hay que entender es que el principio económico básico de los TLC es la eficiencia. El ejemplo clásico es Inglaterra y Portugal: Inglaterra produce buena tela y puede producir vino si quiere, Portugal hace mala tela pero puede producir muy buen vino. Entonces Inglaterra es más eficiente para producir tela y Portugal es más eficiente produciendo vino. Si hay intercambio, para que Inglaterra haga tela para ambos países y Portugal haga vino para ambos, entonces -teóricamente- todos están mejor, ya que ambos están produciendo más con la menor cantidad de insumos y menores costos. El problema es que enfatizan una sola variable que es la eficiencia, como si la producción y el consumo fueran el único criterio relevante. Pero en el proceso, si nos fijamos en estos dos países, la producción de vino en Inglaterra o de tela en Portugal se derrumban y la vida de las personas se ve afectada. Además, si se gatilla una disputa, o cualquier otro evento, Portugal no conseguirá ropa e Inglaterra no obtendrá vino. Entonces hay más variables involucradas aquí, como la autosuficiencia. Tal vez sea bueno que un país pueda sobrevivir en un mundo hostil sin depender de las importaciones de otros países. Tal vez sea bueno que la economía esté diversificada dentro de un país para proporcionar un “colchón”. Así cuando un sector entra en crisis, habrá empleos en otros sectores. Por lo tanto, hay muchas variables que se ignoran debido al énfasis prioritario de la eficiencia y el lucro.

Desde la perspectiva de la HE, el comercio está diseñado para aumentar el superávit y en un mundo en sobrecarga esto es un problema. Así las cosas, estamos en una trampa, pues hemos promovido el libre comercio en la globalización, lo que ha permitido a los países de todo el mundo superar en gran medida su propia capacidad de carga nacional. Países como Holanda o Japón, densamente poblados, pero con territorios relativamente pequeños son alrededor de 5 o 7 veces más grandes que su superficie total, si observamos la magnitud del comercio de bienes y servicios respecto del área que requieren para sostenerlo. El libre comercio ha permitido crear un mundo en el que más del 90% de los países dependen de otros países. Algunos dirán que eso es un factor estabilizador y lo es hasta cierto punto, luego del cual se convierte en un gran factor desestabilizador. El intercambio es perfectamente aceptable siempre que no estemos en sobrecarga y siempre que esta relación pacífica pueda continuar indefinidamente. Pero si estás en un mundo en el que has creado enormes interdependencias entre países y sigues creciendo, lo que el comercio hace es que permite a ese país agotar los activos de otro país después de que haya agotado los propios.

Lo que nos lleva al Colonialismo… 

Exacto, solía ​​ocurrir que un país como los Estados Unidos -o cualquier país europeo- tenía que capturar una parte de África o Asia para obtener sus recursos. La riqueza de Europa se basa en los imperios coloniales que existieron en los siglos XIX-XX. Todo eso se ha ido, pero ahora establecemos relaciones comerciales que son grotescamente desiguales en las que -por ejemplo, si miramos la historia de los préstamos del Banco Mundial- los países, para obtener préstamos, tienen que reasignar tierras o recortar programas sociales para el cuidado de la salud y la educación. Debido a que el banco quiere que se les reembolse, ellos son los primeros beneficiarios del préstamo. Entonces, por ejemplo, un país del tercer mundo que desarrolla la industria del grano de cacao, debe desplazar a cientos de personas desde las aldeas rurales a la ciudad, que ahora viven en condiciones de pobreza, para que el país cultive cacao de exportación. Los dólares de esta exportación tienen que pagar el préstamo del Banco Mundial. La última vez que revisé estos datos –hace algunos años- había más dinero que se movía desde los países pobres a los países ricos -en términos de pago de la deuda- que nuevos préstamos provenientes de los países ricos a los países pobres. Entonces, en ese sentido, los préstamos para el desarrollo en favor de fomentar el comercio mundial han dado lugar a una transferencia masiva de riqueza de los países pobres a los ricos. Mientras tanto, los países ricos están obteniendo los bienes comerciales de esos países pobres. Así, los países ya ricos, se benefician de una entrada neta de capital y una entrada neta de nuevos productos comerciales. Logran a través del régimen comercial y el régimen de desarrollo global, lo que antes solía requerir la ocupación territorial. El argumento contrario es que se crearon nuevos empleos y el PIB per cápita incrementó, pero aun así obtienen una distribución desigual de los beneficios de ese crecimiento. 

Al mismo tiempo hay un fenómeno actual muy desconocido que es el “acaparamiento de tierras” por parte de capitales y países extranjeros. Usted lo ha mencionado antes, ¿a qué se refiere?

El comercio es una forma de adquirir los bienes de otro país, pero en las últimas dos décadas ha habido un enorme aumento en la compra directa o arrendamiento a largo plazo –leasing– de las llamadas tierras subutilizadas en países relativamente pobres -particularmente en África y América del Sur- por países relativamente ricos, como China, Corea del Sur, Arabia Saudita y, en menor medida, Estados Unidos y Canadá. Entonces, negocian con estos países para que vendan tal o cual condado a estos intereses extranjeros y luego transfieren los bienes producidos allí a sus propios países. Por ejemplo, países como China han superado ampliamente su capacidad de carga [n. de la r. hectáreas ecológicamente productivas contenidas en los límites nacionales]. Ahora depende enormemente del comercio. Entonces, por ejemplo, podemos decir que China es el mayor productor de carne, pero no es completamente cierto. China produce enormes cantidades de carne, pero producen esa carne con el forraje importado de Brasil o Estados Unidos en forma de maíz y frijoles de soya. Por lo tanto, la producción china de carne se produce en realidad con forraje cultivado en otros países. Y ahora China está comprando la tierra en esos otros países, para cultivar el forraje que requiere para producir carne en casa. Esto inhibe el desarrollo en estos otros países, porque la tierra -su biocapacidad– ha sido apropiada para ser utilizada por países extranjeros. Este es un problema enorme que ya habíamos señalado en los años ´80: que llegaría el día en que los países que tienen una HE mayor que su propia capacidad de carga tendrían que obtenerla de otros lugares. Y en este sentido, el acaparamiento de tierras ofrece mayores garantías que el libre comercio. Pero en síntesis, el acaparamiento de tierras es el fenómeno en que un país adquiere la tierra productiva de otro país.

El Primer Ministro de su país [Canadá], Justin Trudeau, ha ganado con la élite y los medios un estatus de líder mundial positivo, principalmente por contraste con Trump, ¿Cree que es adecuado como líder mundial contra el cambio climático o la desigualdad?

Una gran parte del carisma de Trudeau tiene que ver con sus circunstancias personales: su familia, su apariencia, su educación. Si miras las políticas que implementa, ha hecho algunas cosas buenas, pero ha hecho otras que son abismantes. Esto incluye el apoyo al desarrollo adicional de petróleo y gas en Canadá, en un momento en el que deberíamos invertir para reducir nuestras demandas de petróleo. En este sentido, no hay política de conservación en Canadá. El Departamento de Pesca, por ejemplo, es un caos: portavoces absolutos de la industria pesquera. Trudeau no es el peor Primer Ministro que hayamos tenido, pero en términos de su política climática, ha aumentado el perfil de Canadá como un hipócrita en el escenario mundial. No podremos cumplir con ninguno de nuestros compromisos del Acuerdo de París con las políticas que están saliendo de Ottawa en este momento.

 

Ciudades y relocalización 

Como especie hemos creado sistemas y relaciones altamente complejos, multi-escalares y de alcance global. Usted propone relocalizar… 

Nadie sabe cómo será el futuro, pero en mi opinión, el sistema humano implosionará. Tendremos que -en este siglo- reducir nuestro tamaño. La energía va a escasear y producir comida será más problemático. Por una parte, tenemos a la población en alza y el PIB per cápita en aumento. Por otra, las tasas actuales de erosión del suelo nos indican que quedan unos cincuenta años de tierras agrícolas viables. Así que en algún momento se va a producir una crisis. Porque los recursos están disminuyendo, mientras la demanda va en aumento.  Una forma de abordar esto es dividir el sistema en un gran número de unidades locales a una escala que sea gobernable. Puedo administrar este acuífero o este ecosistema. Puedo aumentar X cantidad de ganado en X cantidad de tierra. Producimos X cantidad de grano perpetuamente, usando fertilizantes y reciclaje. Este es el concepto de bioregión. También se pueden llamar ecociudades o ecorregiones e incorporan a su alrededor un área lo suficientemente grande como para acomodar su HE. Entonces tenemos la ciudad, pero también el área de la que realmente se alimenta. Así, en lugar de que esta área se desparrame por todo el planeta y se transporte mediante el comercio, recreamos nuestros sistemas para que cada ciudad esté rodeada por un área lo suficientemente grande para sustentarse en lo básico. Por supuesto que no todo, pero sí lo básico. Así, reubicamos nuestra dependencia ecológica y relocalizamos nuestra economía. Nos volvemos menos dependientes del comercio y más autosuficientes. Ese valor que ha sido abandonado en la mentalidad comercial. Estos sistemas revitalizan las comunidades y vuelven a conectar a las personas con los ecosistemas que los soportan. Y una vez que la gente en esta área se da cuenta de que cada hectárea de esa tierra se usa para abastecerse, entonces cuando surja una propuesta de urbanización para viviendas unifamiliares, la gente dirá: “¿¡Estás loco!? Esa es nuestra tierra de cultivo, ¡por el amor de Dios!”. Actualmente construimos sobre tierra agrícola todos los días, ya que la rentabilidad por construir viviendas supera la de alimentos, ya que siempre podemos importar alimentos desde otro lugar.

Está hablando de nuevas estructuras de gobierno que son necesarias a nivel bioregional… 

Sí, tenemos estructuras de gobierno nacionales y provinciales [n. de la r. En Canadá, la mayoría de las provincias tienen una superficie mayor que países como Chile o Bolivia], pero ¿no tendría mayor sentido, crear ciudades cómo principal unidad gobernante? Pueden coexistir con gobiernos nacionales. Pero los principales poderes de gobierno deben estar más cercanos a las personas, a los recursos que los abastecen y que pueden ser administradas desde ese nivel. El teorema de proximidad postula esto también. Por lo tanto, el modelo bioregional devolvería la mayor parte de la administración de recursos y la mayoría de las competencias de desarrollo territorial hasta este nivel. El nivel nacional puede lidiar con la defensa y otros temas, pero todo lo demás se localiza, donde es controlable y todos pueden reconocer su propia dependencia al entorno.

Y, en este contexto, ¿son viables ciudades de 6 millones de habitantes? 

Si continuamos moviéndonos en la dirección hacia la que vamos, no. Las ciudades se vuelven enormemente problemáticas, simplemente porque no tendrán los recursos ni la energía. No habrá capacidad para confiar en las fuentes externas de suministro tan dispersas como lo están hoy. Cuando pensamos en una ciudad como Tokio, en Japón, el gran Tokio tiene 34 millones de habitantes. Esa es toda la población de Canadá. Las demandas de Tokio ocupan toda la biocapacidad de Japón, y es sólo una cuarta parte de la población de ese país. Entonces, si piensas en un mundo futuro, donde las relaciones comerciales no son sostenibles, donde las poblaciones de peces se han agotado, donde Japón tiene que volverse autosuficiente, Tokio no puede sobrevivir. Y es solo una de las muchas ciudades con ese problema.

Pero, ¿qué ocurre con las innovaciones tecnológicas? 

Ahora mismo estoy en un gran debate con algunos colegas llamados eco-modernistas, que creen que podemos alcanzar todos nuestros objetivos ecológicos con mejoras tecnológicas y que el progreso de la humanidad no se interrumpirá, que el futuro es glorioso. En contraste con eso, desde el movimiento de de-crecimiento, postulamos que si realmente vamos a sobrevivir en el planeta, no debemos hacer crecer la economía, sino reducirla. Necesitamos una distribución más equitativa de la HE en una economía mucho más pequeña. Bueno, estos son dos conjuntos de creencias en conflicto. Ahora muchos eco-modernistas hacen afirmaciones falsas, algunos de ellos dicen que los automóviles son cada vez más pequeños, que estamos cambiando nuestra fuente de energía del combustible fósil a la energía solar o eólica. Pero la verdad es que los autos tienen 1/3 de peso más y durante los últimos 20 años los han hecho cada vez más pesados. Y aunque el viento y la energía solar han hecho enormes avances, todavía representan el 3% del suministro mundial de energía. Incluso en países como Alemania, que han invertido 200.000 millones de euros en energía solar, representan el 1,5 o el 2% del consumo total de energía, la eólica un poco más. El punto es que Alemania aún depende en un 80% de combustibles fósiles y las emisiones están aumentando debido a que los usos de los combustibles fósiles están aumentando. Por lo tanto, simplemente no veo el tipo de transformación que afirman los tecno-optimistas. En ese sentido, prefiero una aproximación basada en la realidad, como lo describe la ciencia.

¿Qué significa esto para la propiedad privada? Porque en este punto la propiedad privada parece sacralizada. 

En un mundo de abundancia ilimitada, no hay nada malo con la propiedad privada, porque lo que haces no importa. Pero hoy ves, por ejemplo, que ese acre de tierras de cultivo en Saskatchewan me está alimentando, por lo que claro que tengo un interés en él. Y me impacta si se le vende a un país extranjero o algún promotor inmobiliario. Así que los derechos de propiedad tienen que ser limitados en cierto punto. Tengo una casita, por ejemplo, pero no puedo hacer cualquier cosa ahí. Mis derechos de propiedad deben estar limitados por el bien común. Así que ahí es donde discuto la idea de propiedad privada. Puede existir la propiedad, pero controlado en cierta medida por un régimen regulatorio pensado para el bien común. Ahora, todo esto suena bien, pero está tan abierto a la corrupción y la manipulación como los sistemas que tenemos hoy. Pero al menos, verás, si estás en este nivel local, conoces a las autoridades, viven ahí, puedes informarte y removerlas con mayor facilidad. En cambio es mucho más difícil controlar lo que ocurre en grandes capitales como Washington u Ottawa.

Compartir: