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Hay una visión de las transnacionales noruegas, canadienses y japonesas: apropiarse de toda la Patagonia aur-austral

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En esta ultima parte de la entrevista, Juan Carlos Cárdenas aborda la avanzada de capitales extranjeros en la salmonicultura chilena, la necesidad de una crisis social y las estrategias que promueven desde Ecocéanos para superar este modelo.

Ignacio Fouilloux, Fundación Decide

 
 
Los cambios y la construcción de modelos alternativos surgen de las grandes crisis.

Juan Carlos Cárdenas

E n los últimos años, se han desarrollado una serie de proyectos salmoneros en regiones distintas a la Región de los Lagos, territorio salmonero por excelencia. Así, los centros de cultivo y las plantas de procesamiento de salmones se han multiplicado por la Región de Aysén y Magallanes. ¿Podrías hacer referencia a estos procesos?

Antes de responder tu pregunta por Aysén y Magallanes, creo que es necesario decir que existen varias tensiones en la región sur-austral, que es una región geopolíticamente estratégica para todos los actores internacionales que están operando ahí. Por ejemplo, hay una avanzada noruega en la Patagonia, para lo cual, recientemente, se ha sellado un acuerdo entre el Rey de Noruega con Mauricio Macri para desarrollar la salmonicultura en la Patagonia argentina, y asumir, con ello, el control territorial. Por otro lado, hay una interesante discusión que se pronostica, que es la discusión sobre el territorio antártico, donde muchos Estados demandarán derechos de acceso y uso de recursos. La base de la salmonicultura noruega, fuera de Noruega, está en el sur de Chile. Además, al negocio están entrando chinos, surcoreanos, japoneses y norteamericanos, complejizando aún más el escenario de disputas de territorios estratégicos.

Donde está este proceso más vivo, es en Magallanes. Las salmoneras magallánicas se han propuesto el objetivo de aumentar de las 150 concesiones que existen hoy en día, a 250. Con esto, proyectan que de aquí al 2022 alcancen una producción de 140.000 toneladas de salmón anual. En el año 2010, cuando parte la salmonicultura en Magallanes, esta región producía 10.000 toneladas al año. Hoy está produciendo 90.000 toneladas, aumentando 9 veces. Y, en 4 años más, va a producir 140.000 toneladas. Dime una región, en que, en una década, aumente de 10 mil a 140 mil toneladas. Esto ha sucedido con el impulso y el apoyo del Estado. Hay 240 solicitudes de concesiones nuevas en Magallanes. Son principalmente dos empresas las que solicitan: Aqua Chile y Nova Australis. Nova Australis ahora es propiedad noruega, pues estos compraron a la salmonera Pesca Nova, una española que había quebrado. Aqua Chile compró Salmones Magallanes recientemente, que era la empresa regional más grande. Entonces, Aqua Chile con Nova Australis controlan el 44% de las concesiones acuícolas que hay en Magallanes hoy día. Un oligopolio. Así funciona esta nueva fase, de alta concentración, de grandes jugadores, excluyendo y atrapando a la mediana empresa salmonera. Este es un negocio de perros grandes y de perros transnacionales. En unos años más, la industria va a llegar a ser un 90% transnacional.

Y, ¿cuáles son los principales desafíos que la industria del salmón tiene en Magallanes?

Lo principal es establecer una “república independiente salmonera”. Quieren hacer todo el ciclo productivo en Magallanes: producir ovas, luego alevines, luego smolt, luego engordar salmones, luego procesarlos y, finalmente, exportarlos. Desean separarse del resto del país con este proyecto. ¿Por qué? Porque los problemas sanitarios en Chiloé son brutales y sus ecosistemas ya están saturados. Por eso desean aislar Magallanes, como parte de su negocio. Hay una visión territorial estratégica por parte de las transnacionales noruegas, canadienses y japonesas: apropiarse de toda la Patagonia sur-austral, y convertirla en la mayor productora mundial de salmones de cultivo. ¿Por qué aquí? Porque, por ejemplo, en Noruega hay límites de producción, los que no se pueden superar.

Además, en Noruega hay más dificultades y requerimientos a la hora de entregar concesiones acuícolas para el cultivo de salmón. Y, además, los centros de cultivo no están concentrados geográficamente como en Chile, resguardando con una legislación ambiental estricta los posibles impactos a los fondos marinos de la salmonicultura, en el caso noruego.

Así es. En Chile, en 600 kilómetros lineales de costa, se produce lo mismo que en los 2200 kilómetros de longitud de la línea costera de Noruega, que es el doble de Chile. O sea, en Noruega, en 2200 kilómetros de costa, se producen 1.200.000 toneladas de salmones al año, mientras que, en Chile, en 200 kilómetros, se producen 700.000 toneladas de salmones al año. Esta es la lógica en la que está operando Chile, lógica que se seguirá perpetuando en la región de Magallanes. Aquí hay una visión geopolítica y geoestratégica que los actores internacionales la tienen super clara. Magallanes es un área clave a nivel mundial. Primero es un paso entre el Atlántico y el Pacífico, y, en segundo lugar, un área de acceso a abundantes recursos pesqueros y mineros de la Antártica. El Rey de Noruega, que se reunió este año con Macri en Buenos Aires, desea instalar proyectos salmoneros en el Canal Beagle, que es un paso interoceánico. Ahí se desea desarrollar la salmonicultura argentina.

Y en las regiones sur-australes no solo la única fuerza de producción e iniciativa empresarial es la industria del salmón. Esta coexiste con proyectos energéticos, mineros, forestales y de pesca industrial que miran con buenos ojos las potencialidades físicas y económicas de esos vastos territorios.

Totalmente de acuerdo. Esos procesos son los que nosotros llamamos “industrialización tardía” de las regiones sur-australes. Se están armando, silenciosamente, una serie de proyectos. El Puente del Chacao se encuentra en esa línea, la que, como señalas, inclusive va más allá de las empresas salmoneras. El Puente del Chacao es la posibilidad empresarial de envío más expedito de materias primas para el continente, 24 horas, a diferencia de ahora que es interrumpido por el tránsito lento de transbordadores, por ejemplo. Chiloé posee una punta norte, que es Chacao, pero también hay una punta sur, que es el Canal Kirke, en Magallanes. Este paso lo van a enanchar para navíos de mayor calado, y no sólo para turismo y cruceros, sino también salmoneros, minero y forestales. Aquí entra también el istmo de Ofqui, en Aysén, que se encuentra en la mitad de este tubo. Van a enanchar este istmo para permitir la entrada de grandes embarcaciones. Entonces, va a haber una especie de “T” entre Chacao, el Canal Kirke y el istmo de Ofqui.

Perspectivas para el futuro

A su parecer, ¿qué alternativas a modelos de desarrollo se pueden proyectar en las regiones sur-australes por descuelgue de una industria con características extractivas como la salmonera?

Ese es un proceso en construcción. Yo fui criado en un pensamiento positivista occidental, donde las transformaciones sociales venían del acuerdo consensuado y democrático entre personas libres. Hoy creo que los cambios y la construcción de modelos alternativos surgen de las grandes crisis, cuando la gente común ya no tiene para donde arrancar más. Ahí tiene sentido la frase que dicen los chinos: “si quieres cambiar, deja de hacer lo que has hecho siempre”. La gente tiende a hacer lo que ha hecho siempre, a seguir el status quo. Está de más decir que los procesos de cambio son dinámicos, y no unidireccionales, pero considero que, si no hay una gran crisis, y que esta involucre a todo el sistema político, legal, económico y cultural, no van a haber cambios de fondo.

Además, toda transformación social se da cuando hay correlaciones de fuerza favorables.

Efectivamente. Entonces la tarea es crear las condiciones y la fuerza necesaria para poder discutir o imponer. ¿Qué se requiere para promover una transformación social? Lo primero, información para la ciudadanía. Debe haber reflexión crítica y propositiva. Segundo, organización para gobernar y ejercer poder. Se requiere educación no para el conocimiento, sino para tomar el control de tu vida y de tu comunidad, y ejercer ese poder. Hay que aprender a autogobernarse en los territorios. Con ello las comunidades deben definir sus agendas, sus prioridades, su futuro. Con esto, hay que posicionarse frente a la industria del salmón, frente al Estado, y frente al sistema tradicional. Esto es un proceso largo, pero si llega una crisis, va a ser un proceso acelerado con pistola al pecho.

Además, considero que hay que avanzar en varios frentes: por un lado, en la eliminación del Estado centralista, y caminar hacia formas federativas de relación, en que cada región tenga estructuras políticas y económicas de acuerdo con sus necesidades e intereses. Debe haber, por otro lado, control ciudadano de la política estatal, y, por otro lado, el monitoreo permanente e interno de los propios movimientos sociales, para evitar casos de corrupción y problemas dirigenciales. Se necesita, en tercer lugar, la constitución de sectores intelectuales anclados en los territorios. En cuarto lugar, tenemos que aprovechar las bondades de la tecnología para el cambio social, y fortalecer con ella todas estas batallas. En quinto lugar, se necesitan desarrollar formas de desobediencia civil masivas, que, por un lado, tensionen al sistema, y, por otro, que empujen a la gente a asumir los resultados de su accionar. Y, en sexto lugar, hay que desarrollar la capacidad de construir acuerdos dentro de las mismas regiones. Acuerdos políticos, de gobernabilidad, de cooperación, productivos, más allá de las fronteras del Estado Nación. Estos son algunos elementos para encaminarnos hacia una transformación social.

Algunas de las personas de territorios salmoneros como Chiloé, con las cuales he conversado, me hacían entender la lógica de la “fiebre”: pasar de una fiebre a otra. Se acabaron los bancos naturales de loco durante la “fiebre del loco”, para luego pasar a la “fiebre del salmón” o del “oro naranja”. Esta racionalidad depredadora de explotación de recursos hasta lograr su desaparición es muy habitual. La fiebre del ciprés, de la caza de los lobos marinos, la fiebre del choro zapato, etcétera. Es una forma de entender la naturaleza como stock de productos rentables hasta su agotamiento. Cuando a trabajadores salmoneros le preguntaba qué alternativa a la industria observaban en Chiloé, me respondían que se requería de una macro industria que la reemplace, para capturar el empleo. En sus discursos estaba ausente la pequeña escala, la producción local con valor agregado, la diversificación productiva, las fuentes productivas tradicionales.

Totalmente de acuerdo. Es una habitual forma de entender la naturaleza y las alternativas de modelo de desarrollo. Yo creo que hay que volver a la pequeña producción local en función de las necesidades regionales de empleo, de alimentación. Hay que revalorizar los conocimientos ancestrales de los territorios, promover la educación, la investigación, el uso de las tecnologías. El archipiélago de Chiloé no está constituido para producciones a una macro-escala. Producciones así, como la salmonera, lo revientan. Además, para que este proceso se dé, es central el Estado, para promover la autonomía regional y la democracia local en la toma de estas decisiones. Paralelo a esto, obligadamente tienen que desarrollarse las conciencias, para transformar nuestra vinculación predatoria con la naturaleza. Todos estos procesos que te he comentado son tremendamente lentos.

Junto a ser procesos lentos y no lineales, además propician aprendizajes ciudadanos. Por ejemplo, el movimiento estudiantil del año 2011 y el movimiento por la Salud Digna del año 2013 en Chiloé, instalaron prácticas asamblearias y de autonomía en la toma de decisiones territoriales dentro del archipiélago.

En Chiloé se dice que “es muy difícil cazar un zorro que ya ha sido perseguido”. Ese zorro ya aprendió. Las comunidades locales también tienen la potencialidad de aprender. Otro tema es esencial, a mi parecer. Cuando los vivos no funcionan, o no son capaces de dar respuestas a grandes males, vienen los muertos a ayudarlos. Los muertos y lo mágico, en algún momento, irrumpe en política, en los movimientos sociales que se ven empujadas por figuras como Allende, por ejemplo. Las figuras que tienen que entrar en juego son la Pincoya, por un lado, y el salmón, por otro, que es la figura de lo industrial, lo frío, lo destructor, lo voraz. Enfrentar a las deidades chilotas contra la industria. Hay que trabajar esas representaciones. Hay que darle actualidad a toda la batería de seres míticos de Chiloé.

Y eso conlleva un proceso ininterrumpido de puesta en práctica de tácticas creativas.

Así es. Por ejemplo, para los kawésqares son esenciales los lobos marinos, pues de ahí sacan todo: comida, vivienda, abrigo, etc. Desde la llegada de Donald Trump en Estados Unidos, se modificó el acta de mamíferos marinos el año 2016. El acta dice que toda industria que atente contra los ecosistemas de los mamíferos marinos, están sujetas a la suspensión de sus exportaciones. Ya le pasó a Escocia, en donde la salmonicultura mataba focas. Los kawésqares están juntando antecedentes para hacer lobby en Estados Unidos para que corten la importación de salmones de Magallanes. Hay que aprovechar esta coyuntura, saber leer el presente, para emplear las herramientas necesarias que estén disponibles, como el chef que decide qué instrumentos emplear en su labor.

Para finalizar ¿Qué elementos posee la agenda anti-salmonera que está impulsando desde Ecoceanos?

En primer lugar, promovemos un boicot internacional al salmón chileno, mostrando el riesgo que implica para el medio ambiente y la salud humana. Hemos intentado instalar el concepto de “salmones de sangre”, para hacer referencia a toda la precariedad laboral, daño ecosistémico y mortandad de trabajadores que implica producir salmones. Estamos trabajando, además, por prohibir el uso masivo de antibióticos en la producción de salmones en Chile, de acorde a los planes de la Organización Mundial de la Salud. Por otra parte, queremos implementar un sistema de etiquetado informativo a los consumidores de salmón, que dé cuenta de todos los químicos que contiene y que el salmón ingirió en su dieta. Ya nos encontramos trabajando con chefs para la eliminación del salmón químico industrial de los menús de sus restoranes, para que estos privilegien las especies de peces nativos de origen artesanal. Finalmente, estamos apostando a detener la expansión salmonera en las regiones de Biobío, Araucanía, Los Ríos, Los Lagos, Aysén y Magallanes, lo que implica paralizar, por ejemplo, las 343 solicitudes de concesiones de salmonicultura en las prístinas aguas de Magallanes.

 

 

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